El costo de la cultura

Los que plantea Carlos Ledermann en su reciente post Otra vez lo mismo me hace recordar el alto costo de la cultura y espectáculos en Chile. Sin ir más lejos, recordemos el reciente concierto de U2, donde las entradas más caras llegaron a costar sobre los 150.000. Pero lo caro de los precios no fue suficiente, sino que en menos de 48 horas se habían agotado todas las entradas. Se vendieron incluso entradas de “visión limitada”. Es de no creerlo. Por estos días se acerca la fecha para la actuación de Sara Baras, bailaora de flamenco, quien traerá su espectáculo 2006 titulado “Sabores”. Sara Baras ha venido varias veces a nuestro país, y yo tuve el gusto de verla hace un par de años. (Las fotos corresponden al espectáculo Mariana Pineda, de hace un par de años).
Volviendo al tema del costo de la cultura, no estoy en absoluto de acuerdo con que el libre mercado y la ley de la Oferta y la Demanda regulen el acceso a espacios de pintura, música, literatura, cine, fotografía, en fin, tantas otras expresiones. Destaco nuevamente (y eso que no soy del partido de los alcaldes) gestiones como las de las Municipalidades de Providencia y Las Condes, municipios que gracias a sus abultados ingresos pueden financiar festivales y contratar artistas de categoría internacional y hacer espectáculos sin costo para el público.
Espero que en el futuro este tipo de programas se haga más extensivo a otros municipios, también a los de menos recursos, de modo de permitir a la gente de menor poder adquisitivo acceder a espectáculos de calidad. La cultura no puede seguir siendo un lujo asiático. La música se ha convertido en negocio, y ha entrado en la lógica de la oferta y demanda, pero la cultura no puede entrar en la misma máquina. ¿Cómo detener este proceso?
Volviendo al tema del costo de la cultura, no estoy en absoluto de acuerdo con que el libre mercado y la ley de la Oferta y la Demanda regulen el acceso a espacios de pintura, música, literatura, cine, fotografía, en fin, tantas otras expresiones. Destaco nuevamente (y eso que no soy del partido de los alcaldes) gestiones como las de las Municipalidades de Providencia y Las Condes, municipios que gracias a sus abultados ingresos pueden financiar festivales y contratar artistas de categoría internacional y hacer espectáculos sin costo para el público.
Espero que en el futuro este tipo de programas se haga más extensivo a otros municipios, también a los de menos recursos, de modo de permitir a la gente de menor poder adquisitivo acceder a espectáculos de calidad. La cultura no puede seguir siendo un lujo asiático. La música se ha convertido en negocio, y ha entrado en la lógica de la oferta y demanda, pero la cultura no puede entrar en la misma máquina. ¿Cómo detener este proceso?