Relato onírico mortal

Viajábamos en una nave, en una misión interestelar. La nave era mediana pero autónoma, equipada con la tecnología necesaria para resistir travesías extensas de varios meses a espacio abierto. Conformábamos la tripulación un grupo de ocho personas, entre hombres y mujeres, cada uno experto en diferentes materias necesarias para el éxito de la misión, tanto en lo referido al propósito mismo de ésta como a las labores de soporte necesarias para el correcto funcionamiento de la nave.
Por razones que no están claras, la nave debe hacer un acercamiento no programdo al sistema más cercano. En imágenes que en este momento se confunden, veo aproximarse un planeta de tamaño similar a la tierra, pero que difería en varios otros aspectos que descubriríamos más tarde. Hay un estruendo, la nave se sacude, todo es confuso y sucede muy rápido. De un momento a otro aparecemos en un lugar selvático, similar a los bosques tropicales del amazonas, pero con extrañas formas de vegetación, mezclas de colores poco usuales y plantas de enorme tamaño.
La escena se corta abruptamente, y en el cuadro siguiente la tripulación completa se encuentra desperdigada a lo largo y ancho de una enorme hoja de loto de unos cinco metros de diámetro. La nave está unos pocos metros más allá, pero no podemos acercarnos a ella sin caer al agua. Nadie sabe cómo llegamos hasta la hoja, ni nadie entiende porqué estamos todos sin ropa, sin armas y sin recursos.
Todo está en silencio, el agua no se mueve, pero nadie se atreve a bajar de la flor de loto gigante para ir a la nave a buscar algo que nos pueda ayudar. Pasa el tiempo, pero no sabemos cuánto tiempo es.
De pronto, del agua surge una enorme figura que se levanta por más de cuatro metros por sobre nuestras cabezas. Es el ser más escalofriante jamás visto, cuya cabeza recuerda a Alien, y cuyo cuerpo recuerda a una Mantis Religiosa. Este temible depredador claramente da señas de haberse encontrado con lo que sería su cena, pero la calma y precisión de sus movimientos dan la sensación de que, de alguna manera, nos estaba esperando.

Son minutos cortos, que se hacen eternos. Yo veo cómo este engendro se come a cada uno de mis compañeros, quedando al cabo de unos momentos solo. Sé que es mi turno, porque el bicho gigante me mira, ladea la cabeza y me habla "ahora...te toca a tí". Se acerca suavementente, veo la tenaza gigante encima mío y en un segundo me toma. Puedo sentir el filo de las tenazas en mi espalda y abdomen, como si me estuvieran sujetando dos guillotinas gigantes. Comienzo a sentir la presión y el filo alrededor mío, cierro los ojos y grito...
En este momento desperté. Se pueden imaginar cómo. No recuerdo la data de este sueño, pero al parecer fue poco antes de terminar la enseñanza media, creo que en 1994, a la edad de 17. Han pasado 11 años, nunca lo soñé de nuevo, pero recuerdo cada detalle como si lo hubiera soñado anoche. Que tengan dulces sueños.